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Ultraman Villa General Belgrano, redefiniendo el concepto de extremo

Por Mariano Aragunde

Todo empezó el día que Ever Moriena, triatleta de larga distancia riocuartense, quiso anotarse en un triatlón de distancia ultraman. Luego de encontrarse con las barreras económicas y logísticas para correr la carrera (que solo dejan lugar a unos pocos adinerados), decidió hacerlo por su cuenta. Ir a correr un ultraman te puede costar, fácil, más de $60.000. Entonces…el primer ultraman en la historia del país y de Latinoamérica, en Córdoba ¿Por qué no? Ever se acercó al intendente de Villa Gral. Belgrano para proponerle traer la competencia al país, e incluso ir un paso más allá en la distancia. Y contando así con un gran apoyo logístico, nació 602k Atletas Extremos, un triatlón de ultra distancia, dividido en tres días:

• Día 1: 10k de natación + 200k de ciclismo

• Día 2: 300k de ciclismo

• Día 3: 92k de pedestrismo

Si, leyeron bien. Una insanidad total. Así también Ever además de organizarla, decidió correrla. Luego de un riguroso proceso de selección, se eligieron 12 atletas (11 hombres y 1 mujer) para llevar a cabo una prueba piloto de la carrera y el circuito, totalmente gratis, y que les daba hospedaje y comida a los atletas durante los 3 días. Hubo representantes de Misiones, Tucumán, Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires y Uruguay. La consigna era explorar los límites físicos y mentales: ir más allá del físico, de la razón, de la voluntad. Cada atleta era responsable de su propio abastecimiento (más allá del apoyo de la organización), y tenían un tiempo máximo de 13 horas para completar cada etapa.

Formé parte del staff y estuve cada minuto asistiendo atletas, ayudando en la organización, tomando tiempos, etc. Me resulta muy difícil contarlo por escrito y en muy poco espacio, pero voy a hacer el esfuerzo para resumir lo que fue esta carrera épica desde adentro.

Día 1 – Bautismo

Ya antes de comenzar hubo un abandono. El día anterior, mientras probaban el circuito, uno de los competidores decidió bajarse de la competencia: quedan 11. Lindo preludio de lo que iba a ser esto. Los atletas debían nadar 4 vueltas de 2,5km en el lago de Villa Gral. Belgrano, en una mañana fría y con niebla. No se veía casi nada en el agua, y estaba tan fría que muchos se ataban las manos para que los dedos no se les abran por el frío. Así se largó esta locura. Los punteros completaron la natación en 2h40m aproximadamente, mientras que los últimos tardaron más de 5 horas. En cada vuelta podían pasar por su puesto de abastecimiento para comer y tomar: llevan geles, miel, frutas secas, coca cola, pastafrola, turrones, sándwiches, y hasta preparados proteicos que de solo olerlos me revolvía el estómago.

Los atletas que participaron de la prueba, además de firmar un deslinde, debían presentar un riguroso apto médico, más un CV que certificara que en el transcurso de un año a esta parte, habían finalizado un Ironman y un Ultramaratón.

Entre principios de hipotermia y miradas asustadas, hicieron la transición al ciclismo. Un circuito en vueltas de 50km que acumulaba más de 3000m de desnivel, quebró las mentes de todos. Cada atleta debía valerse por sí mismo, y en el retome de vuelta podía parar a descansar y nutrirse, pero el límite de tiempo para cada día de 13 horas hizo que llegar sea muy complicado. Terminaron pedaleando de noche por la ruta que va hasta San Clemente. Ya se sabía esto iba a pasar, por lo que cada atleta debía llevar luces por reglamento. Dos hombres de Uruguay no llegaron: quedan 9. Ya superados por la dureza del circuito se van a comer y dormir en el poco tiempo que les queda, porque mañana tienen que pedalear 300km.

Día 2 – Dolor

Con poco descanso y semi-muertos, se levantan para pedalear un una versión modificada del circuito anterior, ahora de 202km, recortado por las inclemencias del tiempo en la ruta. Así tuvieron que pelearla entre la niebla, la llovizna, el sol, y el fío; todo junto. Para que se den una idea del desnivel, Pablo Romagnoli me cuenta durante uno de sus descansos, que él está pedaleando a un promedio de 22km/h, mientras que en un triatlón Ironman pedalea a un promedio de 37 km/h. Así, todos se empiezan a lamentar de lo mismo: de todo lo que corrieron en sus vidas, nunca nada fue tan duro. Verónica Calvo, única mujer, no pudo completar ni una vuelta de 33km, por lo que abandona junto también con otro atleta: quedan 7. Cae la noche y termina esta etapa…los punteros terminan en aproximadamente 6h40m, mientras que los últimos llegan con el último suspiro al corte de 13 horas. A medida que los cuerpos y las mentes se empiezan a quebrar, el grupo se une: son pocos, están todos igual de dementes, y acá ganar es terminar. Se dan aliento, se ayudan, comparten.

«El dolor ya se volvió una costumbre, estás más allá. Tu cuerpo llegó a un punto de fatiga que actúa pos sí solo. No tiene explicación»Me dice Javier, al llegar de noche.

Día 3 – Mente

Son las 7.30am y están todos en fila esperando largar la ultra maratón de 92km. Acá es cuando se define quién gana, quien termina, y quien abandona. El circuito de 8 vueltas tiene 1800m de desnivel. Sí, más desnivel: esto le da a la carrera en total tiene aproximadamente 8000m de ascenso acumulado. Y uno a uno, como pueden, corren.

Todo el día corriendo, caminando, y pidiéndose más para terminar. Unos terminan rengueando, apoyándose con una rama de bastón, y otros ya corren dormidos. Terminar es lo único que importa, como sea. El día día va a dar también otra baja: quedan 6. Pablo y Abel hacen los 92km en casi 10 horas, corriendo y charlando todo el tiempo juntos: no se conocían y hoy se van como amigos. También veo llegar a 3 atletas esprintando los últimos 800m de este ultraman a 6’30» (con lo que les queda). Se me pone la piel de gallina de solo escribirlo. Y así cada uno va llegando y sonríe, abraza, se emociona…pero el sentimiento es el mismo: no lo pueden creer. No puede creer lo que acaban de hacer. Yo menos.

Resumen

Convivir tres días con el staff y estos 11 gladiadores fue algo único: poder presenciar como los límites físicos y mentales se quiebran, para ser superados a otro nivel, es algo indescriptible. Fue una carrera íntima, que sirvió de prueba piloto para que ya sea oficial el año que viene en Marzo (pronto el anuncio oficial). Gozamos el privilegio de contar con el triatlón más largo del mundo, realizado por primera vez en nuestro país: lo más duro del deporte, conviviendo con los paisajes más hermosos que tenemos.

«Si metes en una licuadora todas las carreras más difíciles que hay, sale esto», me cuenta uno de los competidores. Los que no terminaron quieren su revancha el año que viene, y el resto también. Revancha contra el circuito, contra sus mentes y sus límites.

La frase que Ever eligió para la carrera fue «Llegaremos como extraños, competiremos como amigos, nos iremos como hermanos». Y así fue. Luego de pasar tres días así, yo me llevo un recuerdo imborrable, ni me imagino los que compartieron el dolor y la alegría de redescubrirse como atletas-humanos. ¿Límite? ¿Cuál límite?

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Mariano Aragunde

Triatleta, maratonista, periodista, community manager y músico. De Buenos Aires, tiene estilo y contagia a quienes lo leen. Todo lo que hace, es por pasión, condición indispensable para escribir.